El día que nació mi hermano ?>

El día que nació mi hermano

Cuando nació mi hermano Felipe, me dijeron que me tenía que alegrar mucho porque tendría un hermano para jugar y que eso era mucho mejor que ser hija única.  Así que yo esperé, pero la verdad que con mi primo Tomás, ya tenía con quien jugar…

El día que nació el niño, papá se fue con mami al hospital porque Felipe, había avisado de que ya venía a conocernos. Debió de avisar por teléfono y enseguida se pusieron en marcha. Yo me quedé en casa con los abuelos.

Al día siguiente, papá vino a buscarme y me dio un beso como el que me dan los abuelos cuando vuelven de un viaje, que me estrujan tanto que casi no respiro. Nos subimos en el coche y fuimos a la ciudad a comprar un regalo para mami.  Papá me explicó, que esta vez había estado muy pendiente de ella, porque cuando yo nací, él estaba haciendo un rallye con sus amigos y no había llegado a tiempo y que mamá estuvo un mes sin hablarle y que todavía se lo recuerda. Así que esta vez no le podía pasar lo mismo y que iba a intentar “enmendarlo” o algo así…

Así que le ayudé a escoger unos pendientes y fuimos a la clínica.  Cuando entré en la habitación mamá estaba muy guapa, en una cama que parecía una silla gigante, estaba como sentada y con la habitación llena de flores. Lo único que no me gustó era el camisón que le quedaba muy feo y al caminar se le veía el culete.  Le di un beso muy fuerte y me dijo:

Carolina, van a traer a Felipe ahora, que te quiere conocer!.

Entonces entró en la habitación una enfermera con una caja transparente con ruedas y al mirar le vi.  ¡Madre mía! … qué pequeño, qué feo y qué pelo negro y largo, me quedé de una pieza.

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Pobre mamá qué desilusión, tanto esperar y el niño, ni habla ni se mueve ni nada, que shock, como dice ella, se tuvo que llevar.

Imaginaros lo feo que era, que, en casa, papá, mamá y los abuelos estuvieron discutiendo días sobre cómo ponerle en el cochecito para que no se le viera la cara. Que si no sé qué asociación dice que mejor de lado. Otros que no, que mejor boca abajo… Hombre feo es!, pero pobrecito, tampoco tanto!.  Mamá decía que boca arriba, ¡claro! ella qué va a pensar, como es su hijo le verá guapo y todo.

Luego, en casa seguimos con el trajín de aquellos días, con la cuna que habían bajado del trastero, como una cesta de paja grande que había sido mía. Los pañales, la ropa y un motón de gente telefoneando para ver cómo había ido todo.  La abuela repetía lo mismo una y otra vez en cada llamada: Pesó no sé qué, midió no sé cuánto, que si es muy moreno como su padre….yo no sé qué importancia tiene eso, pero ya me enteraré y ¡os lo cuento!.

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