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Avon llama a tu puerta

Hoy viene a visitarnos Paquita, una amiga de la abuela y de mamá. Paquita nos visita alguna vez y lo paso estupendamente cuando viene a casa.  Es una señora de pelo amarillo, aunque papá me diga que se dice “persona rubia”, yo os digo que el pelo es amarillo. Tiene unos ojos color azul cielo y el azul se le sale por fuera del ojo hasta las cejas.  Los labios naranjas y siempre, siempre se está riendo.  Cuando viene a vernos, Papá, Pura y Carmela dicen que desaparecen, es decir, que se van a pasear a mi hermano.  El abuelo, en cambio se sienta con nosotras y se ríe mucho escuchando sus historias.  Es que Paquita es muy importante y conoce a mucha gente porque va a merendar cada día a una casa diferente y sabe de todo.

Le pedí una vez ir con ella como ayudante… y me dijo que sí, que cualquier día voy.

Trae unas revistas pequeñas y una maleta con jabones, geles y maquillajes.  Lo que más me gusta es una lata, como de galletas, en la que trae un motón de esmaltes de uñas.

Yo me siento en la cocina y mientras mamá prepara el café ya me voy comiendo los croissants que compró el abuelo en la confitería.  Luego pongo el mantel en la mesa del comedor y ayudo con las tazas.  Y nunca se me olvida poner “el muletón”, un mantel blandito que se pone debajo porque si no lo ponemos, Carmela se enfada muchísimo.

Estamos mucho rato hasta que se hace de noche, que papá lleva a Paquita a su casa porque es muy miedosa y no le gusta volver en autobús.

La verdad que no sé para que trae el librito porque mamá siempre le compra un gel de color rosa que huele muy bien y uso los viernes cuando me baño y lleno la bañera como una piscina. Hace tanta espuma, que juego a que tengo barba o llevo un sombrero.

También le compra esmalte color geranio, que es color rojo muy fuerte. La abuela le pide polvos de talco y crema de manos.

Si tengo suerte papá me deja ir con ellos y acompañar a Paquita, me subo en el coche, veo la ciudad con las farolas y casi vacía y le pregunto a papá si me puedo sentar delante. Pero siempre me dice que no.

-. ¡vaya negocio esto de Paquita todos los meses!, murmura papá mientras le sonríe y yo la veo entrar en el portal de casa por la ventanilla de mi coche.

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