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Por culpa de Quillo (2)

Ahora tengo que dejaros, porque me están entrando ganas de hacer pis y mi abuela dice que es malo esperar, así que me voy corriendo. En otro ratito os sigo contando…

 

Ya estoy aquí.  Como os decía, yo estaba a punto de llorar, cuando vemos aparecer al abuelo José a lo lejos, le vemos venir caminando rápido hacia nosotros. Iba a la casa del jardín a hacer gimnasia y escuchó los lloros de Felipe.  Entonces me miró fijamente y le vi su cara, que me conozco casi todas las que tiene, y casi me alegro de que nos vaya a reñir, porque necesitábamos que un “mayor” apareciera.

Yo no sé cómo lo hizo, pero en un periquete cogió a mi hermano de las zarzas. Lo puso en sus brazos y a mí me empezó a dar una pena de Felipín por haberlo despertado y sacado de casa… se le veía tan pequeñito allí arriba acurrucado…

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El abuelo nos miró muy serio y dijo: – “¡directos para casa!”.

Cuando entramos en casa, nos preguntó qué había pasado y le contamos que estábamos buscando al perro. En ese momento ya sabíamos que estábamos castigados por salir de casa sin permiso, pero al final, lo habíamos pasado tan mal que no nos importó que nos pillaran.

Al rato aparece Quillo por la cocina, con la visera de propaganda en la boca y disimulando, porque es muy listo y siempre se entera de todo, aunque se haga el despitado.

Seguro que estaba en casa de los vecinos, subido al muro ladrando a los coches.  Ahora estoy enfadada con él por meternos en problemas.  Aunque voy a tener que hacer esfuerzos porque no me gusta estar enfadada mucho rato.

 

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