La moto de mamá ?>

La moto de mamá

Mamá está muy contenta estos días. Papá le ha regalado una moto.

Una moto es como una bicicleta grande y hace mucho ruido.

Mamá tenía antes otra moto muy vieja, que había sido del abuelo José. Como nuestra casa está un poco lejos de la ciudad, mamá usaba la moto del abuelo para ir a hacer gestiones, no sé lo que son gestiones, pero siempre las está haciendo, debe tener ya un montón grande..

La moto nueva de mamá brilla mucho y es azul. Tiene dos globos detrás, a cada lado del asiento y yo diría que la moto es gorda.

Mamá me llevó ayer a dar un paseo. Fue un viaje muy corto alrededor de mi casa y la de mis vecinos.

Yo iba de pie delante de mami, donde ella pone los pies, así que voy viéndolo todo. La convencí para ir a un kiosco a comprar unas gafas rosas para mí. Ella saca unas verdes muy bonitas de un cajón que hay debajo del manillar, y las pone siempre que usa la moto. A mí me gusta hacer lo que ella hace, así que ahora también pongo mis gafas.

Tenía que agarrarme fuerte porque la moto se movía mucho.

Al principio tenía un poco de miedo a caerme, pero mamá me puso un casco que me quedaba un poco grande y me encantó sentir el aire en la cara; tenía que cerrar un poco los ojos y el aire me entraba por la boca, como si me estuviera comiendo un helado de viento.

Cuando sea mayor tendré una moto como la de mamá.

Ya quiero crecer para aprender a ser motorista.

Para estrenar la moto nueva, papá y mamá se pusieron muy guapos, con sus chaquetas de cuero, sus cascos y sus gafas; les dijeron a Pura y Carmela que nos diesen la merienda y que cuidasen de Felipe y de mí, y se fueron de paseo. Entonces a mí se me ocurrió una idea: yo también estrenaría mi moto. Así que fui al garaje y saqué al jardín mi bicicleta de color rosa con rueditas, la que me han traído los Reyes Magos.

Como todo el mundo estaba ocupado, entré en la cocina y cogí dos ollas de cocinar para usarlas como cascos. Una para mí y otra para Felipe, porque había decidido que necesitaba pareja. Así que me puse una chaqueta, las botas de goma de los días de lluvia y el casco y vestí a Felipe igual, más o menos. La olla le quedaba un poco grande y le tapaba los ojos, pero servía.

Senté a Felipe detrás de mí en la bicicleta, le dije que se agarrara fuerte a mi cintura para empezar a dar vueltas, pero este enano no se sujetaba solo y no hacía más que caerse.
Cuando casi lo había conseguido e iba a salir del garaje, aparece Pura, que es la que más nos cuida y puso una cara muy seria. Vino corriendo a coger a Felipe: – el niño!, el niño! decía.

Yo le gritaba: -Purita, que el niño lleva casco!, pero ella seguía gritando. Cogió a mi hermano, me bajó de la bici y me dijo que no podía conmigo.. no sé por qué dijo eso, porque siempre dice que soy como una pluma, y al que tenía en brazos era a Felipín. Pero sólo decía: -¡no puedo con esta cría, no puedo con ella!.

Después de un ratito corto, antes de llegar a la cocina, ya le había cambiado la cara y sonreía.

Carmela oyó los gritos desde la cocina y salió al pasillo a ver qué pasaba.

Nos metieron en la cocina y me sentaron en una silla pequeña que hay al lado del armario, mientras cambiaban a Felipe que se había mojado. No paraban de hablar y decían que no se me podía perder de vista.

Papá y mamá no tardaron en llegar porque empezó a llover, y donde yo vivo, cuando llueve, llueve mucho. Por eso dice el abuelo que está tan verde. Cuando llegaron, papi fue a su despacho y yo corrí para ir con él y que me contara donde habían estado. Quise que me hablase y tenerle entretenido para que Pura no le dijera lo que había pasado. Pero se lo contó. La verdad es que no me riñeron mucho, sólo me dijeron que Felipe es muy pequeño todavía para jugar conmigo.

Sigo pensando que cuando sea mayor quiero una moto como la de mamá y unas gafas rosas y Felipín no vendrá conmigo hasta que sepa estar sentado ¡ y ya está!.

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